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La Haima como archivo, memoria y pertenencia del Pueblo Saharaui

15 marzo, 2026

Por Flavia Reynoso Román y Patricia Muñiz Núñez |
CRÍTICA URBANA N. 39 |

Entender el concepto de habitar es esencial para entender el vínculo entre arquitectura, cultura y forma de vida. Habitar no debe ser reducido a una acción de residir o de ocupar un espacio construido, sino que implica un conjunto de prácticas, valores y significados que vinculan al individuo con su entorno físico y social.

Con este texto se pretender dar una pequeña pincelada del papel de la mujer saharaui en el entendimiento de haima más allá de refugio, siendo ella quien articula el habitar como práctica material, social y política. La perspectiva de género ofrece una lectura del espacio que revela las lógicas de organización, producción y transmisión cultural que estructura la vida en los campamentos. «La mujer saharaui habita la frontera entre el desierto y la memoria. No solo construye la casa: Construye el sentido de pertenencia. En su gesto cotidiano, el exilio se convierte en hogar.» (Medina Martín, Experiencias e identidades de mujeres saharauis (2018).

Martin Heidegger define “habitar” como la forma esencial en la que el ser humano existe sobre la tierra. Construir, habitar y pensar son acciones independientes. Según el filósofo se construye para habitar, pero también se habita como manera de cuidar y preservar el mundo. Su planeamiento quita del foco de atención el elemento físico y lo dirige a la relación entre el espacio y sus habitantes. Desde esta perspectiva la forma material no es el fin en sí misma, sino es el medio que posibilita la existencia.

En un contexto de desplazamiento, el habitar trasciende y persiste a través de la precariedad, conservando la estructura relacional, el individuo continúa ordenando, cuidando y dándole sentido a su entorno inmediato. El exilio como fenómeno plantea una ruptura entre el individuo y su territorio.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

El desplazamiento forzado genera formas de asentamiento fuera de las estructuras políticas convencionales. Los campamentos de refugiados en Tinduf son una tipología urbana y social que surgen de la excepción prolongada en el tiempo. En ellos la arquitectura permite, a pesar de la adversidad de las condiciones, la continuidad de la cultura saharaui.

El análisis de este modelo espacial complejo pretende navegar las dimensiones donde la técnica y la memoria convergen para construir hogares donde no había vivienda.

Habitar es un fenómeno relacional en el que el cuerpo se ajusta al entorno y, de manera simultánea, el espacio adquiere forma y significado a través del uso. La arquitectura no se limita a contener funciones, sino que produce atmósferas, ritmos y gestos que estructuran la experiencia cotidiana. Estos elementos contribuyen a la construcción de identidad y, a su vez, son generados por ella en un proceso bidireccional.

En los campamentos de refugiados saharauis, la haima constituye un caso paradigmático para analizar esta dimensión fenomenológica del habitar. Sus distintas materialidades, sus sistemas de montaje, la organización interior y las prácticas que acoge evidencian cómo el espacio no es un contenedor pasivo sino el medio a través del cual se configura la relación entre cuerpo, memoria y entorno.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

 

La mujer saharaui

Desde los tiempos nómadas la organización social saharaui ha estado marcada por la movilidad masculina y la permanencia femenina. Mientras los hombres se desplazaban durante largas temporadas en búsqueda de agua o pastos, las mujeres permanecían en su frig y se encargaban de la familia y el asentamiento.

Ellas son el centro de la familia y el núcleo de la sociedad, esto se refleja en las haimas y la distribución gira en torno a ellas. La mujer ocupa el centro de la vivienda, de cara a la entrada, esto le permite ver quién entra a la casa y la distribución del resto se condiciona por género. Los hombres estarán a su izquierda y las mujeres a su derecha, formando una media luna. Esta configuración espacial da un orden centrífugo en torno a la figura materna.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

La haima no solo está en su dominio, también es su creación. Las mujeres se encargan de tejer sus cubiertas, decorar el interior con textiles de motivos y patrones, lo que genera el lenguaje identitario. Además, disponen y organizan los objetos de las habitaciones.

«En la haima se inscribe la autoridad simbólica de la mujer. Desde su posición central observa, distribuye y cuida; su mirada estructura el espacio» explica Medina Martín (2018).

Mujer, constructora social y política

En 1974 se fundó la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, paralela y complementariamente al movimiento de liberación.

Un año después, las mujeres asumieron la gestión completa de la vida en el exilio. Mientras los hombres estaban en el frente militar, ellas construyeron los primeros campamentos en Tinduf y organizaron las estructuras básicas de supervivencia: escuelas, hospitales, cocinas, almacenes, centros administrativos.

El acto de construir se convirtió en un gesto de soberanía, la mujer habitó el espacio y lo produjo. A medida que aumentaban las dificultades que enfrentaba su sociedad también aumentaba la participación de las mujeres en la política y economía saharaui, desempeñando un papel decisivo en la consolidación de las instituciones de la RASD.

Desde el pensamiento de Judith Butler (Frames of War, 2009), estas prácticas pueden leerse como una forma de “habitar político”, actos de resistencia frente a la precariedad y a la violencia. Criar, construir, enseñar, curar o alimentar son actividades que, en contextos de desplazamiento, adquieren valor político. Aseguran la existencia y continuidad de la comunidad.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

«Las mujeres saharauis representan la continuidad del hogar y de la memoria, incluso cuando el territorio físico ha sido arrebatado.»  (Zahra Ramdane, The Role of Saharawi Women in Peacebuilding and Nationhood, 2015). Son depositarias y transmisoras del patrimonio inmaterial: cantos, relatos, rituales, recetas, técnicas. Estas tradiciones son solo algunos ejemplos de los actos cotidianos que permiten la conservación y herencia de su identidad.

El tejido es un elemento central de esta transmisión. Coser y tejer no son actividades puramente funcionales, son actos de reconstrucción simbólica del hogar. Del mismo modo, ordenar y disponer los objetos mediante lo cual se dota de carácter a los espacios domésticos.

Estos gestos se convierten en signos de continuidad entre el pasado nómada y el presente sedentario del exilio. Cada uno reafirma un sentido de pertenencia en un territorio provisional. En este contexto, podemos entender las prácticas textiles o pintados con henna como un territorio alternativo, un soporte de memoria donde se inscribe la historia colectiva.

Los patrones, las repeticiones y los colores codifican identidad, construyen pertenencia y preservan la memoria.

Nomadismo, arraigo y transformación

La transición del nomadismo al sedentarismo forzado es una de las transformaciones más significativas del habitar saharaui. Desde el inicio del conflicto armado, las familias se vieron obligadas a modificar su forma de habitar en toda su extensión, incluyendo su percepción y construcción del tiempo.

La haima, estructura ancestral saharaui, caracterizada por su diseño desmontable, permite la movilidad de su habitante. La materialidad: telas, palos, y cuerdas, son respuesta directa a las necesidades de ligereza, porosidad y adaptabilidad.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

En los campamentos de Tinduf, inicialmente la haima bereber se mantuvo, pero la escasez de recursos y las condiciones extremas hicieron necesaria la ayuda humanitaria, que introdujo carpas estandarizadas donadas por distintas entidades internacionales.

Con el transcurrir de los años la forma de construirlas se fue transformando. Las familias empezaron a expandir sus haimas, construyendo distintas unidades que formaban un conjunto y eventualmente empezaron a construir muros perimetrales.

Como espacio intermedio surgió el patio, un umbral donde el dentro, fuera, privado y público se encuentran. Se ha convertido en uno de los elementos estructurantes de la vivienda y es de las mayores transformaciones del espacio doméstico saharaui.

lustraciones de Flavia Reynoso Román

Este gesto arquitectónico modifica la concepción del habitar. Introduce una diferenciación entre interior y exterior, privado y colectivo, que no estaba presente en la haima nómada. Al mismo tiempo, genera nuevas formas de relación entre quienes la habitan, los recorridos, las secuencias de uso y la interacción con el entorno inmediato.

Sin embargo, el cambio de materiales no alteró de forma directa la lógica interna de la vivienda. La organización espacial, las jerarquías sociales y la centralidad femenina se mantuvieron estables.

Con el tiempo se ha ido introduciendo el uso de muros que enclaustran el espacio entre las distintas unidades habitacionales de cada familia. Con esto, a pesar de que el suelo no puede ser comprado, aparece la concepción del espacio público y privado, dando un sentido de propiedad e intimidad a los habitantes.

Lo que se entendía como una situación temporal comenzó a consolidarse como una condición prolongada o incluso permanente, las familias empezaron a construir pequeñas edificaciones anexas que funcionan de manera conjunta.

En este proceso, los espacios se fueron especializando y clasificando según usos específicos —descanso, habitación del té, aseo o almacenamiento— configurando una organización doméstica más compleja, adaptada a nuevas necesidades sin romper completamente con la lógica espacial heredada del nomadismo.

En todos los casos es la mujer quien organiza el espacio, regula las jerarquías y conserva la memoria material del hogar. Un lugar donde las mujeres construyen dignidad en contextos de opresión, y su papel es una forma de liderazgo silenciosa.


Nota sobre las autoras

Flavia Reynoso Román es graduada de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de A Coruña. Nacida en Arequipa, Perú, motivada por su madre, se trasladó a España para continuar sus estudios superiores. La arquitectura se convirtió en el medio a través del cual se descubrió, creció y desarrolló su mirada crítica en distintos ámbitos. En el contexto global actual, centra su interés en las diversas realidades sociales y en la manera en que la arquitectura se vincula con la identidad, el habitar y las condiciones de vida.

Patricia Muñiz Núñez, es Doctora Arquitecta y docente de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de A Coruña. Ha recibido numerosos reconocimientos a su labor investigadora: Premio “González Llanos” en investigación en arquitectura e ingeniería 2025, Premio “Xoán Vicente Viqueira” a la Innovación Científica, 2024, Premio Gallego de Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global 2023; el premio COAG de Divulgación, Investigación y Diseño 2019 y el premio Manuel Castillo 2018 de la universidad de Valencia. Es miembro del grupo de investigación Persona-Ambiente. 

Para citar este artículo:
Flavia Reynoso Román y Patricia Muñiz Núñez. La Haima como archivo, memoria y pertenencia del Pueblo Saharaui. Crítica Urbana. Revista de Estudios Urbanos y Territoriales Vol. 9, núm. 39, Feminismo y espacio. A Coruña: Crítica Urbana, marzo 2026.

Critica Urbana n. 39
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