Por Maricarmen Tapia Gómez |
Directora Crítica Urbana |
CRÍTICA URBANA N. 40 |
Una de las transformaciones territoriales más importantes que se están produciendo es la conversión del suelo rural debida a las actividades económicas extractivas. La magnitud de estos cambios iguala en tamaño a las ciudades que se consolidaron mediante procesos mucho más lentos, por lo que la velocidad y la inmediatez con que estas actividades se implantan intensifican sus impactos negativos.
Esta acelerada transformación del uso de suelo afecta a aspectos cruciales, como la soberanía alimentaria y energética, el acceso al agua para consumo humano y preservación de los ecosistemas. Frente a ello, se requiere discutir el modelo territorial desde un enfoque basado en los derechos humanos y en un marco de crisis ambiental. Un primer paso es desmantelar el relato extractivista.
“Dime lo que escuchas y te diré cómo piensas”
Dentro de los múltiples mecanismos a través de los cuales se producen los procesos extractivistas más dañinos sobre el territorio y sus comunidades se encuentra la creación de un relato que ese nos presenta como incontestable, absoluto e irreversible. Resistir a este relato es una acción necesaria para desmantelar las promesas con que aterrizan en los territorios.
El extractivismo se caracteriza por una explotación y apropiación intensiva del territorio con graves impactos negativos, nuevas precariedades y la no redistribución de la riqueza, con economías de enclave, aisladas de la economía local, con corporaciones e inversores de territorios ajenos, que tributan fuera del área de intervención. El extractivismo asociado a los bienes comunes -recursos naturales- lo vemos, cada vez más, aplicado a la explotación de bienes culturales, patrimoniales, paisajísticos o de derechos como a la vivienda, la educación o la sanidad.
Una de las cuestiones sustanciales de estos procesos, que los convierte en una cuestión profundamente política, es la asimetría de poder entre las empresas y los afectados. Esta asimetría de poder refiere a la información, conocimiento, capacidad y velocidad de respuesta, redes de influencia locales y escalas superiores…. y también se relaciona con el manejo estratégico del tiempo: se sabe con anterioridad dónde y cuándo es el momento apropiado para generar la menor resistencia y el mayor impacto de su discurso. No obstante, también a mayor escala se reproduce esta asimetría, de los gobiernos locales o estatales -debilitados por una regulación insuficiente, fuertes lobbies y falta de apoyo político- frente a las corporaciones internacionales.

Maz: Sobre plantar pensando en cortar. Mural en O Taro, Sober, Lugo. 2024. Foto cedida por Maz. Web: www.maz.ooo
Mecanismos de legitimación y desactivación local
La ausencia de regulación adecuada permite a las empresas mantener una serie de tácticas con el fin de neutralizar el rechazo ciudadano. Nos referiremos aquí a las que no tienen un carácter de ilegalidad y que están dirigidos hacia la ciudadanía:
- Uso de los medios de comunicación para legitimar las actividades, mostrando bondades, omitiendo los efectos negativos y sin evidencia de estos beneficios.
- Uso de los medios de comunicación para omitir, reducir o criminalizar resistencias ciudadanas.
- Intervención en comunidades y tejido asociativo local a través de financiamiento de actividades o infraestructuras.
- Mecanismos de participación insuficientes o incumplidos.
- Desactivación de la academia vs. extractivismo académico.
- Debilidad de la regulación territorial y de la evaluación de los impactos ambientales.
- Aislamiento de grupos o personas defensoras.
Estos mecanismos se activan de manera integrada, adecuándose a las realidades y contingencias locales. Al revisar su engranaje, parece increíble que este tipo de procesos siga imponiéndose sobre los territorios y comunidades, contra toda lógica democrática, pero lo hacen y cada vez con mayor velocidad y eficiencia, aprendiendo de su experiencia en los territorios.
A estos mecanismos se suman los de represión en distintos grados de intensidad, con una alarmante cifra de víctimas mortales de defensores de la tierra y el medioambiente. Global Witness publicó en 2025, que la cifra ascendía a 2.253 asesinatos de personas defensoras entre 2012 y 2024.
Lo evidente
Estamos inmersos en una “doctrina del shock” -nos plantea Naomi Klein-, en una “sociedad y maldad líquida” -Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis-. Sin embargo, la historia es vieja, propia de nuestra humanidad: se trata del abuso de muchos para el lucro de unos pocos. La lucha de la humanidad por avanzar en consensos, socialización, uso y formas de habitar es muy larga, con historias escritas por los vencedores. Aún así estamos en este momento frente a este texto, leyendo, participando de la historia: somos sujetos de la historia. Y aquí está la clave, no dejarnos desactivar ni neutralizar; no menguar frente al más grande, porque el contrarrelato es tan sencillo: “No. Así no”.
Nota sobre la autora
Maricarmen Tapia Gómez. Arquitecta, doctora en Urbanismo por la Universitat Politècnica de Catalunya. Ha desarrollado su trabajo en el análisis y diseño de políticas urbanas, tanto en el mundo académico como en instituciones públicas. Participa activamente en la defensa de los derechos de las personas en la ciudad y el territorio, a través de organizaciones, publicaciones e investigaciones. Directora de Critica Urbana. Más artículos de la autora en Crítica Urbana.
Para citar este artículo:
Maricarmen Tapia Gómez. El relato extractivista. Crítica Urbana. Revista de Estudios Urbanos y Territoriales Vol. 9, núm. 40, Extractivismos. A Coruña: Crítica Urbana, junio 2026.









