Por Aurora Gómez Delgado |
CRÍTICA URBANA N. 40 |
Solemos pensar que nuestra vida digital es etérea, hasta que te chocas de frente con la materialidad de sus nubes el día que marcan nuestro territorio como zona de sacrificio.
Para muchas de las actuales activistas de las resistencias de los centros de datos, la palabra “nube” no sonaba tan amenazante. Pero un buen día vieron el nombre de su pueblo aparecer al lado de la palabra “centros de datos” en los titulares de la prensa local, todo festoneado con cifras astronómicas. La noticia suele ser acogida inicialmente con sorpresa, casi shock. La mayoría asumen la propaganda como cierta, pero cada vez más gente enarca la ceja con escepticismo y nos contacta.
Desde hace tres años nuestra bandeja de correo está inundada de peticiones de habitantes de la España vaciada que entiende el posible impacto de los centros de datos que se anuncian en sus territorios. Nos suelen preguntar las dudas que les abruman ¿es verdad que gastan agua? ¿Sabéis algo sobre esto?, ¿cómo busco la información?, ¿Venís a dar una charla en mi pueblo?, ¿Nos ayudas a montar una resistencia? Y nosotras también tenemos más preguntas que respuestas, y pacientemente, vamos buscando como acompañar y abonar estas semillas de resistencia en todos los territorios.

Gloria Mendoza. El impacto ambiental de los centros de datos en ecosistemas vulnerables. www.gloriamc.xyz https://betterimagesofai.org https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Las entrañas de Internet
Uno de los macroproyectos que están apareciendo con más fuerza en los últimos años son los centros de datos de hiperescala que están desembarcando en zonas rurales de la España Vaciada. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país, sino que se está replicando por todo el planeta.
Para situarnos, un centro de datos es uno de los elementos de la infraestructura material de Internet. Son grandes naves de cemento donde se almacena y procesa la información que luego será distribuía por los cables terrestres y submarinos. Cuando usamos la Inteligencia Artificial es necesaria toda una cadena de suministro, que, como bien explica la académica Ana Valdivia, supone una enorme depredación de agua, energía y recursos en todas las partes del planeta. Desde el extractivismo minero de metales en conflicto que están sucediendo en la RD Congo o Groenlandia, pasando por las fábricas de chips en Asia o Francia, a las fábricas de dispositivos en China, o los centros de datos en todo el mundo, para acabar con la basura electrónica que destroza algunos lugares de África.
Entendiendo los impactos ecosociales de los centros de datos
Esta lucha nos ha llevado a viajar por toda España, para poder informar de los impactos ecosociales de los centros de datos, de mano de las comunidades que nos lo piden.
En nuestros viajes a sitios grandes y pequeños vamos compartiendo lo que hemos aprendido en estos últimos años sobre los enormes impactos ambientales que generan estas industrias. Tanto a nivel local, como a nivel global por su impacto en el Cambio Climático. Ante la sala a oscuras, proyectamos lo que hemos averiguado sobre la industria de los centros de datos de hiperescala.
Por ejemplo, su voracidad de agua, que deja regiones como Querétaro (México) sin agua potable para beber, regar o mantener una higiene mínima. Sus enormes costos de energía, que generalmente está basada en combustibles fósiles y alarga la vida de centrales de carbón, gas o nucleares. Pero que cuando es alimentada por renovables, se suele hacer mediante proyectos depredadores del territorio -como en el caso de Aragón- que impiden la transición energética. O sus enormes costos de recursos minerales, especialmente tierras raras, que están agravando el expolio de muchos territorios del sur global o espoleando conflictos bélicos por doquier.
También desgranamos los impactos de salud que genera esta industria y tanto inquietan a las víctimas de los centros de datos, como la contaminación del aire, del agua. El efecto del ruido constante y las posibles islas de calor de estas “naves recalentadas encementadas” -como les gusta llamarlas a la resistencia francesa- son preocupantes en un contexto de oleadas de calor.
En este punto, solemos notar un enfado creciente en la sala, que se mueve en oleadas de murmullos indignados. Pero lo peor queda por venir. Cuando explicamos que las cifras esconden otra cosa. Que realmente las promesas de trabajo son falsas, que esta industria se caracteriza por su evasión fiscal y a la vez, su apetito por las subvenciones públicas. Que en un proceso conocido como gentrificación energética acaparan los recursos energéticos que podrían necesitar otros servicios, industrias o ciudadanía. Que las facturas subirán, y sus electrodomésticos tendrán más probabilidad de romperse.

Deborah Lupton. Servidores en un paisaje.
https://betterimagesofai.org https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Ya la indignación creciente suele empezar a dirigirse de manera abierta contra las empresas del tecnocapitalismo que están detrás de estos proyectos, y que suelen ser siempre las mismas (Amazon, Google, Microsoft, Meta, Alibabá, ByteDance…). Pero también, a los políticos locales regionales y nacionales. Este proceso extractivista es lo que autores como Couldry y Mejías han denominado Colonialismo de Datos, que es el extractivismo de datos y recursos que se realiza desde el imperio hacia los pueblos colonizados. Autoras como Cecilia Rikap, añaden que esto se hace con la ayuda de los poderes locales como colaboradores necesarios en este expolio.
Las personas que habitan las zonas rurales de España conocen bien estos procesos, porque hace tiempo que ven sus territorios amenazados por distintos macroproyectos extractivistas, favorecidos por el despoblamiento que sufren. También saben que cuando sus territorios ya han sido marcados como zona de sacrificio los impactos se irán sumando. Donde hubo minas de carbón aparecerán macrorenovables, y tras ellas, centros de datos, como el caso de Forestalia en Aragón. Que donde se proyectó una macrogranja de cerdos que el pueblo consiguió tumbar ahora se anuncia un centro de datos de Meta, como en el caso de Talavera de la Reina. O en Puertollano, donde hubo primero carbón y luego refinería de petróleo, ahora se plantean centros de datos de inversores del Partido Popular, la Casa de Alba y el Banco Santander. A la vez que las autoridades siguen intentando atraer a otros actores como Alibabá.
Este punto de las charlas, suele ser el más crítico. Mucha de la gente acaba de comprender por qué han venido estas empresas a sus territorios: Porque hay más diferencia de poder. Lo que suele caer como una jarra de agua fría. Y en ese punto es fácil caer en la indefensión aprendida o incluso el nihilismo. “Ya es demasiado tarde”, “La IA es inevitable”, “No se puede hacer nada”. Al fin y al cabo, esa narrativa es la que se han encargado estas industrias de permear en todos los discursos públicos. Como desmoralizadoramente insisten los Borg de Star Trek: “la resistencia es inútil”.
Pero aquí también podemos traer buenas noticias: sabemos que la resistencia sí es útil, y que en colectivo tenemos poder. Para empezar podemos enorgullecernos de que las resistencias contra los centros de datos están floreciendo por toda España y el mundo. Desde las más consolidadas como EEUU, pero también en toda América del Sur, Europa, Asia, Australia y ahora también África.
Que sus formatos de acción son valientes, creativos y variados. Pasan desde la movilización de calle, la creación de nuevas narrativas, a batallas legales, moratorias, a litigios estratégicos e intentos de regulación. Qué frente a la estrategia “muévete rápido y rompe cosas” de Silicon Valley, las resistencias adoptan la perspectiva de “Hacer que vayan más lento, y cuidar de las cosas, ambiente y personas.” Esa esperanza también es contagiosa, y se nota en la cara y comentarios del público al finalizar las charlas.
Semillas de esperanza
Generalmente la gente conoce y ama su territorio, naturaleza y gentes. Valoran su pasado, y quieren defenderlo para generaciones futuras. Y no es la primera vez que afrontan luchas desde lo colectivo. Solo necesitan imaginar otra manera de entender y actuar, lejos de los marcos de progreso que marca el tecnocapitalismo.
Así que, en nuestra experiencia, a la sombra de los centros de datos no están creciendo puestos de trabajo y progreso como intentan vendernos. Por el contrario, tener centros de datos como vecinos solo supone amenazas de escasez de recursos vitales como el agua y la energía, problemas de contaminación y aumento de la concentración de poder en menos manos.
Lo único bello que está creciendo a la sombra de los centros de datos son las resistencias que les están plantando cara.
Nota sobre la autora
Aurora Gómez Delgado es la portavoz de Tu Nube Seca Mi Río, un colectivo español que lucha por visibilizar el impacto ecosocial de los centros de datos en toda España. Pero con especial foco en el consumo de agua de esta industria. https://tunubesecamirio.com
Para citar este artículo:
Aurora Gómez Delgado. ¿Qué crece a la sombra de un Centro de Datos? Crítica Urbana. Revista de Estudios Urbanos y Territoriales Vol. 9, núm. 40, Extractivismos. A Coruña: Crítica Urbana, junio 2026.









